omito subtitulo
era tu sangre, lo monstruoso fue oler amor debajo de tu olorcillo a hiena,
y olvidar que eras bestia, y no a besos sino a cruel mordedura
te hubiera, en pocos meses, lo vicioso y confuso
descuerado.
ante mis ojos, en el hombre mas hermoso te habías convertido
Viciosa es tu sangre, tontillo: lo turbio que te azota por dentro,
remolino viscoso de miedo y de lujuria, corrupción
de todo lo bueno que es el hombre. ¡Acuérdate, Malparido, de aquella
pesadilla!
No hay trampa que te valga cuando tiritas y entras al gran baile del muro
donde se te aparecen de golpe los pedazos de la muerte.
No te perdono, entiéndeme, porque no me perdono, porque el mar
-por hermoso que sea- no perdona al cadáver: lo rechaza y lo arroja
como inútil estiércol.
Muerto estás y aun entonces, cuando dormí contigo, dormí con una
máquina de parír muertos. Nadie podrá lavar mi boca sino el áspero océano,
Hombre y No-hombre, de tu beso vicioso
Lástima de hermosura. De hermosura imaginaria, de cuerpo fibroso, de mente vacía, de moral corrompida.
y de sábana en sábana, desnudo, vas riendo
y sin embargo empiezas a llorar en lo oscuro cuando no te oye nadie,porque mi mente te piensa y te envenena con mi rencor.
es posible, es posible que descubras tu estrella por el viejo ejercicio
del amor, y encuentres otro ermitaño que soporte tu falta de cordura, es posible que tanta espuma inútil pierda su liviandad, se integre en la corriente, vuelva al coro del Ritmo.
Tal vez el largo oleaje de esta carta te aburra, todo este aire solemne,
pero el Ritmo ha de ser oceáno profundo
que al desdichado y al mentiroso amarra y desamarra
nadie sabe por qué y, es curioso, yo mismo
no sé por qué te escribo con esta mano, y toco mi cuerpo pensando en ti y en
tu rara desnudez terrible TODAVIA.
No hablemos ya de junio ni de julio, ni hablemos
del gran verano, amor mio, que construyó un diamante tu figura al humedecer eternamente los colchones de nuestra vida.
de amado y sobreamado, por encima del cielo, en el volcán que vivimos los dos, y eternizados,silencios, seguros de ser uno en el vuelo.
No. bajemos de ahí, mi Sangriento, y entremos al Octubre mortuorio:
crucemos los horribles pasadizos
de tus vacilaciones, volvamos a nuestras cartas, que vuelven a nacer y
que aún estarán sonando. Volemos en aviones a salvar
los retos de Algo, de Alguien que va a morir, mi Dios, descuartizado.
Digamos bien las cosas. No es justo que metamos a ningún Dios en esto.
Cínicos y quirúrjicos, los dos, los dos mentimos.
Yo, el mas partidario de la Verdad, negué tus mentiras hasta sangrar
(¿Fue mucho cinco mil cuatrocientas criaturas por hora, cuanto soporta tu bello cuerpo lejos del placer...?)
Los dos, los dos cortamos las piernas, las finas
raíces sigilosas de aquellos que quisieron venir y ofrecernos nuevos caminos, y querernos, y besarnos y juntarnos en uno. Pero nuestro amor, odio y lujuria no nos quiso separar, no haya pues, culpa entre tanta penetración, mas que carnal, mental.
Miro el abismo al fondo de tus anteojos quebrados, me delanto a lo efímero
de tus días rientes y otra vez no eres nada
sino un color dificíl de hombre vuelto polvo.
Adiós. vacío irás.
Vivirás de lo que fuiste un día conmigo, quemado por el rayo del vidente.
Mortal contradictorio: cierro esta carta aquí,
este Miércoles lluvioso, sin recuerdos ni estrellas.
No estás.
No estoy.
No estamos.
Somos, y nada màs.
